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viernes, 14 de febrero de 2014

Ni romano, ni apostólico, ni católico, ni cristiano.

Hace mucho tiempo que no tengo relación alguna con la Iglesia, aunque no tanto que decidí romper formalmente mi vínculo con ella.

Y es que más allá de la influencia de la moral católica que la mayoría tenemos impresa en nuestra "genética cultural", su influencia en mi día a día era y es mínima, motivo por el que no me había planteado la apostasía.

No obstante, tres razones me llevaron finalmente a dar el paso; las dos primeras mediadas por mi acercamiento a la antropología, la última por el hartazgo y la necesidad de cierta coherencia personal:
  • Comprender la diferencia entre lo sobrenatural y lo trascendente me llevó a "reducir" definitivamente a dios a una manifestación cultural.
  • Al visualizar la relación entre legitimidad y poder, entendí que la necesidad de influencia de la jerarquía católica tiene como fin mantener sus privilegios más que la defensa de moral alguna.
  • La posición ideológica de la Iglesia católica en la mayor parte de las cuestiones sociales y culturales que me preocupan son, casi siempre, contrarias e incompatibles con las mías.
Así fue que decidí escribir mis argumentos y presentarme con ellos en el Obispado de Cádiz, donde me encontré con dos sorpresas: la primera, que mis razones les eran completamente indiferentes; la segunda, que en apenas unas semanas se había formalizado mi apostasía.

En definitva, es evidente que a la Iglesia, en su soberbia, le importa poco que alguien "se quede o se vaya". No obstante, lo que ahora no pasa de tener un valor simbólico, es un acto de responsabilidad que, con el tiempo y la falta de legitimidad, relegará a la burocracia eclesástica a espacios públicos menos relevantes... ¡Brindo por ello!

lunes, 30 de diciembre de 2013

conjuro de fuego para brindar por un año nuevo

empresarios, banqueros, jueces y fiscales,
catedráticos y sucios sacerdotes del inmovilismo,
gobernantes, políticos y ministros en su consejo de los viernes

hedionda democracia, cueva de ladrones y vampiros
hoguera de hogares hipotecados, desahuciados, suicidados,
pus de enfermos que se pudren, hedor de las jóvenes ya muertas,
llantos de los niños, quejidos de las niñas de madres violadas
cobardes voceros de los medios, impúdicos socios de la blasfemia

tierra quemada, pestilencia de los vientos, veneno en el mar
oro negro que hiere y mata el bello tiempo de la vida

hambre de las muchedumbres
soledad en el mercado capital
aullido de cuchillas en la frontera
repugnante porvenir que nos deparan

con esta copa incendiaré las llamas de la vida
el fuego en el que arderán los secuaces del ególatra
y huirán los sacerdotes de la muerte en sus mercedes
hasta empotrarse en la justicia y la libertad
¡oíd! ¡oíd sus lamentos al quemarse!

¡que este fuego en nuestras gargantas despierte nuestro grito!
fuerzas de la vida y del común, a vosotras hago este brindis:
¡sanad nuestra memoria y saberes, nuestro afecto, nuestra intuición!
¡espabilad nuestra fuerza colectiva! ¡fuego!

miércoles, 12 de junio de 2013

Una iglesia sin dios ni moral.

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No es extraño oir a alguien decir que cree en dios pero no en la iglesia, un tópico que viene a decirnos que, aún con su credibilidad mermada, la iglesia es capaz de mantener “en activo” la existencia de un ser todopoderoso creador de todo lo visible y lo invisible.

Y no es que se trate de un imaginario perverso, todo lo contrario: el dios-padre es la parábola con la que un Jesús profeta mostraba la idea de la trascendencia al pueblo (judío) más humilde, regalándole así una utopía que daba sentido a sus vidas e incluso a su muerte. El lenguaje, las metáforas y los símbolos de Jesús fueron revolucionarios en su tiempo; sin embargo, mantener hoy el imaginario de un ser sobrenatural puede dificultarnos una manera propia de transitar nuestro camino a la trascendencia.

Y es que nuestra cultura respeta a un ser imaginado -consciente y todopoderoso- sin llegar a aceptar que ese “dios” no es más que una antigua parábola del cosmos. De hecho, sólo así puede entenderse que tantos creyentes en el dios-padre cometan tantos crímenes contra la madre-naturaleza: cualquier persona con auténtica fe no podría dejar de ser profundamente respetuosa con nuestro planeta, el universo al que pertenece y las formas de vida que lo conforman, incluida la de nuestra especie con toda su diversidad cultural.

jueves, 23 de mayo de 2013

Un mosaico africano

www.imaginaafrica.org
Guerra, hambre, sequía, crueldad, tiranía... son probablemente las primeras palabras que brotan de buena parte de la población occidental cuando piensa en África. La exuberancia de la naturaleza, la música, la danza y la artesanía conforman otra de las visiones más características.

En realidad, son cinco las imágenes que se combinan según la ocasión para construir el imaginario colectivo del continente: el África del horror, en la que están generalizados el hambre, la guerra, el crimen, la corrupción, el terrorismo, las enfermedades, los regímenes totalitarios, la violencia, etc.; el África atrasada, donde reinan la incultura y el barbarismo, donde el fanatismo religioso marca la vida de las personas y en la que destaca el sometimiento de la mujer; el África de los recursos, rica en minerales, en materias primas naturales y en mano de obra joven; fuerte e, incluso en algunos casos, se llega a aceptar que preparada; el África condenada, donde las cosas son como son porque sus gentes no tienen voluntad de cambiar, de transformar su realidad y progresar; y el África de la naturaleza, en la que es fácil encontrar paisajes de ensueño y donde corren en libertad animales salvajes; el continente del que proviene el ser humano y en el que aún perviven tribus exóticas.

martes, 30 de abril de 2013

Charlando sobre decrecimiento

El ecofeminismo, la ecología social, el pacifismo y el movimiento libertario están en las raices del decrecimiento. Y con tales precedentes no es de extrañar que no quede "títere sin cabeza".

El decrecimiento no critica sólo al capitalismo, va más allá y cuestiona abiertamente el modelo de pensamiento en el que aquél se fraguó, la modernidad: la centralidad del Mercado, el poder de los estados, el individuo, la ciencia, el progreso y también el "antropo-andro-etnocentrismo".

Pensar y charlar sobre ello puede llevarnos por caminos complejos, hacer preguntas implanteables y explorar respuestas difíciles.

En "Perro Flaco" nos metimos a ello. Puedes escuchar la sección "Pon un antropólogo en tu vida" aquí. Para oír el programa completo sigue el enlace de la columna de la izquierda.