jueves, 7 de diciembre de 2017

¿Una vocación de servicio público independiente?

A continuación transcribo tres de los correos que nos cruzamos Ignacio Escolar, director de eldiario.es y yo en torno al tratamiento de la crisis energética en el medio de comunicación digital. Además, el pasado domingo 3 de diciembre Ignacio respondió públicamente a mi correo a través de "eldiario.es responde", una muestra del compromiso y la valentía del medio y su director:

Estimado Ignacio,

acabo de cancelar mi suscripción a eldiario.es por considerar que la independencia de la que hacéis bandera está seriamente limitada en un tema que es de crucial importancia para nuestra sociedad, afectando también a la vocación de servicio público de vuestro medio: la crisis energética. De hecho, aunque en el seno de eldiario.es albergáis el blog "Última Llamada", es imposible acceder a él a través del menú de la web, ni siquiera se halla en el apartado "más blogs" o en una búsqueda con la herramienta destinada a ello. Más aún, el espacio dedicado al medio ambiente tan sólo puede encontrarse en la última posición de "más focos", invisibilizado en el conjunto de la web.

Algo que no es de extrañar -y ahí radica, entiendo, vuestra falta de independencia-, habida cuenta de la presencia constante de grandes compañías energéticas, tecnológicas y automotoras en la página principal de vuestro medio y, especialmente, en "ED Creativo" -donde pueden encontrarse incluso publireportajes como "Sin concienciación no hay eficiencia energética"- que, al contrario de lo que sucede con las cuestiones medioambiental o energética, goza de plena visibilidad en el menú de la web.

No obstante, lo que definitivamente me ha decidido a tomar esta decisión ha sido la revista "2034. El reto de imaginar el futuro" en la que, más allá de la fuerte presencia de dichas compañías entre los muchos anunciantes, no puede encontrarse una sola mención a la crisis energética, su diagnóstico y los posibles escenarios a los que nos conduce. Y ello no es sólo muestra de una parcialidad que favorece el relato dominante, sino que también impide el debate ciudadano que requeriría un sincero espíritu de servicio público.

Incluso diría que eldiario.es se beneficia del blog "Última Llamada" poniendo su nombre a un espacio en el que se están produciendo análisis y debates claves de nuestro tiempo y, por contra, no tiene la deferencia ni la valentía de visibilizarlo.

Esa limitada independencia de vuestro medio, esa cuestionable vocación de servicio público y esa falta de valentía en un tema de tal calado me han desanimado a seguir apoyando el que hasta ahora había considerado “nuestro proyecto”.

Atentamente,

Moisés Rubio

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Hola Moisés. No es cierto que en eldiario.es estemos restando peso, importancia o visibilidad a la crisis energética, a los temas medioambientales o a la falta sostenibilidad de nuestro actual modelo por su impacto sobre el planeta. Muy al contrario. Personalmente creo que este es uno de los grandes temas de esta época y por eso la próxima revista en papel que ahora mismo estamos cerrando, y que llegará a los socios en un mes, va precisamente sobre ese asunto. Se titula "El planeta atormentado" y es un monográfico sobre el cambio climático y sus consecuencias.

lunes, 30 de octubre de 2017

¡Andalucía Resiliente!


Frente al actual proceso de colapso de nuestra civilización industrial no nos queda más remedio que impulsar redes ciudadanas por la resiliencia local y la justicia global.

Y Andalucía Resiliente es una campaña de sensibilización social y movilización ciudadana, organizada desde y para la ciudadanía, que quiere crear conciencia acerca de ello.

Tienes toda la información aquí.

lunes, 23 de octubre de 2017

La Cuarta Revolución industrial no es nuestra revolución.


Las nuevas tecnologías y enfoques están fusionando los mundos físico, digital y biológico de maneras que transformarán a la humanidad en su esencia misma, afirma Klaus Schwab, economista y fundador del Foro Económico Mundial de Davos. En su extremo, la “Cuarta Revolución Industrial” (4RI) promete aumentar las capacidades humanas a través de las nuevas tecnologías, e incluso ser capaz de “curar” el envejecimiento, conduciéndonos a una nueva y controvertida especie “posthumana“. El protagonismo de esta revolución en la que nos adentramos con gran rapidez lo tendrán la nanotecnología, la biotecnología, los robots, la inteligencia artificial, los sistemas de almacenamiento de energía, las energías llamadas limpias, el Big Data, los drones, la realidad virtual y aumentada y la impresión en 3D.
Paralelamente al anuncio del Foro de Davos, el canal #0 dio voz en el mundo hispanohablante a José Luis Cordeiro, a quien presentó como profesor fundador de la Singularity University, “para intentar averiguar a cuántos pasos está la ciencia de alcanzar esa utopía llamada inmortalidad: la muerte de la muerte, fabricación de órganos, criogenización, colonización de planetas, exocortex, telepatía, comida artificial, computación cuántica... Un curioso elenco de posibilidades que parece salido de la ciencia ficción, en particular, de la “Saga de los Heechees”, de Frederik Pohl.
Efectivamente, José Luis Cordeiro no sólo recrea en su discurso una obra clásica de ciencia ficción sino que, además, no es reconocido por la universidad a la que dice pertenecer: ¿un charlatán de feria? En cualquier caso, con estas credenciales, resulta ilustrativo que su discurso sea legitimado por uno de los periodistas más premiados de España, Iñaki Gabilondo, emitido en el canal de la compañía de telecomunicaciones más importante de Europa, Telefónica, cuyo principal accionista -incluso por encima de cuatro de los principales bancos europeos- es la mayor empresa de gestión de inversiones del globo, BlackRock. ¿Por qué poner tal fuerza financiera, comunicativa y de legitimación al servicio de alguien de dudosa credibilidad? ¿Es que el relato de la 4RI requiere de un “contador de cuentos”?
Otro relato moderno de ciencia, tecnología y progreso
Aunque ha sido un tema recurrente en lo que llevamos de siglo, fue a principios de 2016 cuando el Foro Económico Mundial anunció al mundo que entrábamos en la 4RI. Desde entonces, su presencia en los medios de comunicación de masas se ha multiplicado para decir que ya está aquí, que su impacto sobre nuestro mundo es inevitable y que debemos prepararnos para ello.

sábado, 25 de junio de 2016

La pesadilla de la representación.

Soñar con la libertad.

Desde 1909 España no había vuelto a deber más dinero del que era capaz de generar, pero este año la deuda pública acaba de superar el cien por cien de nuestro Producto Interior Bruto (PIB). Y la manera habitual de reducirla es limitando el déficit fiscal: se disminuyen los egresos (gastos de funcionamiento, adquisición y mantenimiento de bienes y servicios, inversión social y en infraestructuras y transferencias a empresas y personas con necesidades específicas) para que no superen los ingresos. La cuenta parece fácil: si debo más de lo que gano, toca apretarse el cinturón.

Aunque la realidad no es tan sencilla, ya que una parte de esa deuda, aún siendo legal, es ilegítima por no haber sido contraída en aras del interés general, sino para salvar los trastos de una minoría privilegiada y codiciosa de banqueros y empresarios: la deuda pública del estado español en 2007, justo antes de la crisis hipotecaria, era tan sólo del 36%. Los gobiernos que hemos tenido desde entonces apostaron por aumentar la deuda para rescatar a la banca y otras grandes empresas, y devolverlo después reduciendo el gasto, la inversión y la transferencia públicas. En resumen, la ciudadanía paga los desmanes y el enriquecimiento de aquella clase privilegiada por decisión unívoca de sus gobiernos.

En este contexto, parece evidente que la solución pasa por mejorar los ingresos del Estado, lo que ha de hacerse mediante la lucha contra el fraude y una reforma fiscal que apueste porque paguen más impuestos quienes tienen mayores beneficios. Pero eso es sólo considerar el problema como una cuestión económica, obviando que, cuando un sistema privilegia a un sector minoritario de la población perjudicando a otro mayoritario, el problema es, sobre todo, de carácter democrático.

Por todo ello, el gobierno que yo pudiera querer promovería y facilitaría, de manera inmediata y urgente, una auditoría ciudadana de la deuda, mediante la cual se pudiera declarar ilegítima la mayor parte de la deuda contraída desde, al menos, 2007; y hacer responsable de su pago a quienes se beneficiaron de ella. Aunque ello supusiera enfrentarse a las empresas del IBEX 35, la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional.

martes, 14 de junio de 2016

Herencias del decrecimiento

Hay alguna gente por ahí a la que le gusta caricaturizar el decrecimiento como esa idea estúpida que pretende hacer lo que ya consigue la crisis en favor de los beneficios capitalistas: reducir el PIB a base de empobrecer a la mayor parte de la población, mientras los recursos se concentran cada vez en menos manos. Son ganas de desviar la atención, así que ni caso.

Un debate más interesante está en la perspectiva científico ecológica del decrecimiento, una posición “de bandera”, que ondea, que se tiene a la vista, pero que es sólo eso: un dibujo en el aire que representa a quiénes navegamos en este barco. Latouche lo expresa de otra manera cuando dice que "decrecimiento" es sólo una palabra obús.

Es evidente que el planeta está ya mostrado sus cartas sin reparo, lo que nos da una oportunidad única para llegar a más gente e intentar conformar la masa crítica que provoque la transformación que necesitamos. Pero no trascender esa oportunidad ecológica nos puede llevar a una transición como la del setenta y ocho, más leyenda que realidad.

Y es que el problema ambiental es una consecuencia del productivismo desaforado, denominador común del capitalismo y el socialismo; y éstos no son más (ni menos) que una herramienta de un sistema cultural determinado al que pusimos el nombre de “Modernidad”, una forma específica de comprensión de la realidad... Y si abordar el problema ambiental sin cuestionar el capitalismo es como tratar con aspirina un tumor cerebral, si no confrontamos la Modernidad, nuestro entramado cultural, ese espacio común en el que productivismo, socialismo y capitalismo cohabitan, difícilmente podremos sumar logros a nuestras reivindicaciones.