lunes, 30 de octubre de 2017

¡Andalucía Resiliente!


Frente al actual proceso de colapso de nuestra civilización industrial no nos queda más remedio que impulsar redes ciudadanas por la resiliencia local y la justicia global.

Y Andalucía Resiliente es una campaña de sensibilización social y movilización ciudadana, organizada desde y para la ciudadanía, que quiere crear conciencia acerca de ello.

Tienes toda la información aquí.

lunes, 23 de octubre de 2017

La Cuarta Revolución industrial no es nuestra revolución.


Las nuevas tecnologías y enfoques están fusionando los mundos físico, digital y biológico de maneras que transformarán a la humanidad en su esencia misma, afirma Klaus Schwab, economista y fundador del Foro Económico Mundial de Davos. En su extremo, la “Cuarta Revolución Industrial” (4RI) promete aumentar las capacidades humanas a través de las nuevas tecnologías, e incluso ser capaz de “curar” el envejecimiento, conduciéndonos a una nueva y controvertida especie “posthumana“. El protagonismo de esta revolución en la que nos adentramos con gran rapidez lo tendrán la nanotecnología, la biotecnología, los robots, la inteligencia artificial, los sistemas de almacenamiento de energía, las energías llamadas limpias, el Big Data, los drones, la realidad virtual y aumentada y la impresión en 3D.
Paralelamente al anuncio del Foro de Davos, el canal #0 dio voz en el mundo hispanohablante a José Luis Cordeiro, a quien presentó como profesor fundador de la Singularity University, “para intentar averiguar a cuántos pasos está la ciencia de alcanzar esa utopía llamada inmortalidad: la muerte de la muerte, fabricación de órganos, criogenización, colonización de planetas, exocortex, telepatía, comida artificial, computación cuántica... Un curioso elenco de posibilidades que parece salido de la ciencia ficción, en particular, de la “Saga de los Heechees”, de Frederik Pohl.
Efectivamente, José Luis Cordeiro no sólo recrea en su discurso una obra clásica de ciencia ficción sino que, además, no es reconocido por la universidad a la que dice pertenecer: ¿un charlatán de feria? En cualquier caso, con estas credenciales, resulta ilustrativo que su discurso sea legitimado por uno de los periodistas más premiados de España, Iñaki Gabilondo, emitido en el canal de la compañía de telecomunicaciones más importante de Europa, Telefónica, cuyo principal accionista -incluso por encima de cuatro de los principales bancos europeos- es la mayor empresa de gestión de inversiones del globo, BlackRock. ¿Por qué poner tal fuerza financiera, comunicativa y de legitimación al servicio de alguien de dudosa credibilidad? ¿Es que el relato de la 4RI requiere de un “contador de cuentos”?
Otro relato moderno de ciencia, tecnología y progreso
Aunque ha sido un tema recurrente en lo que llevamos de siglo, fue a principios de 2016 cuando el Foro Económico Mundial anunció al mundo que entrábamos en la 4RI. Desde entonces, su presencia en los medios de comunicación de masas se ha multiplicado para decir que ya está aquí, que su impacto sobre nuestro mundo es inevitable y que debemos prepararnos para ello.

sábado, 25 de junio de 2016

La pesadilla de la representación.

Soñar con la libertad.

Desde 1909 España no había vuelto a deber más dinero del que era capaz de generar, pero este año la deuda pública acaba de superar el cien por cien de nuestro Producto Interior Bruto (PIB). Y la manera habitual de reducirla es limitando el déficit fiscal: se disminuyen los egresos (gastos de funcionamiento, adquisición y mantenimiento de bienes y servicios, inversión social y en infraestructuras y transferencias a empresas y personas con necesidades específicas) para que no superen los ingresos. La cuenta parece fácil: si debo más de lo que gano, toca apretarse el cinturón.

Aunque la realidad no es tan sencilla, ya que una parte de esa deuda, aún siendo legal, es ilegítima por no haber sido contraída en aras del interés general, sino para salvar los trastos de una minoría privilegiada y codiciosa de banqueros y empresarios: la deuda pública del estado español en 2007, justo antes de la crisis hipotecaria, era tan sólo del 36%. Los gobiernos que hemos tenido desde entonces apostaron por aumentar la deuda para rescatar a la banca y otras grandes empresas, y devolverlo después reduciendo el gasto, la inversión y la transferencia públicas. En resumen, la ciudadanía paga los desmanes y el enriquecimiento de aquella clase privilegiada por decisión unívoca de sus gobiernos.

En este contexto, parece evidente que la solución pasa por mejorar los ingresos del Estado, lo que ha de hacerse mediante la lucha contra el fraude y una reforma fiscal que apueste porque paguen más impuestos quienes tienen mayores beneficios. Pero eso es sólo considerar el problema como una cuestión económica, obviando que, cuando un sistema privilegia a un sector minoritario de la población perjudicando a otro mayoritario, el problema es, sobre todo, de carácter democrático.

Por todo ello, el gobierno que yo pudiera querer promovería y facilitaría, de manera inmediata y urgente, una auditoría ciudadana de la deuda, mediante la cual se pudiera declarar ilegítima la mayor parte de la deuda contraída desde, al menos, 2007; y hacer responsable de su pago a quienes se beneficiaron de ella. Aunque ello supusiera enfrentarse a las empresas del IBEX 35, la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional.

martes, 14 de junio de 2016

Herencias del decrecimiento

Hay alguna gente por ahí a la que le gusta caricaturizar el decrecimiento como esa idea estúpida que pretende hacer lo que ya consigue la crisis en favor de los beneficios capitalistas: reducir el PIB a base de empobrecer a la mayor parte de la población, mientras los recursos se concentran cada vez en menos manos. Son ganas de desviar la atención, así que ni caso.

Un debate más interesante está en la perspectiva científico ecológica del decrecimiento, una posición “de bandera”, que ondea, que se tiene a la vista, pero que es sólo eso: un dibujo en el aire que representa a quiénes navegamos en este barco. Latouche lo expresa de otra manera cuando dice que "decrecimiento" es sólo una palabra obús.

Es evidente que el planeta está ya mostrado sus cartas sin reparo, lo que nos da una oportunidad única para llegar a más gente e intentar conformar la masa crítica que provoque la transformación que necesitamos. Pero no trascender esa oportunidad ecológica nos puede llevar a una transición como la del setenta y ocho, más leyenda que realidad.

Y es que el problema ambiental es una consecuencia del productivismo desaforado, denominador común del capitalismo y el socialismo; y éstos no son más (ni menos) que una herramienta de un sistema cultural determinado al que pusimos el nombre de “Modernidad”, una forma específica de comprensión de la realidad... Y si abordar el problema ambiental sin cuestionar el capitalismo es como tratar con aspirina un tumor cerebral, si no confrontamos la Modernidad, nuestro entramado cultural, ese espacio común en el que productivismo, socialismo y capitalismo cohabitan, difícilmente podremos sumar logros a nuestras reivindicaciones.

sábado, 20 de febrero de 2016

Leña

http://macleinyparker.com/catalogo_MPL008.htmlMe encanta mi bicicleta. Me costó poco para lo que vale y es un regalo si hago cuentas del bonobús. Pero, como cacarea el anuncio, lo que no tiene precio es despertar con el aire fresco de la mañana acariciando mi barba. Diez minutos, ni uno más y, a veces, alguno menos: son únicas la algarabía y el llanto desatado en la puerta del colegio; el pedaleo tenso y atractivo de la madre de cuarenta y pocos que, refugiada en su desigual abrigo de colores, lleva tarde a su pequeño; la sonrisa de una improvisada amiga invisible que cada mañana me sorprende; la mirada curiosa que le roba todos los días mi manillar de mariposa al dueño de una esmerada y lustrosa bicicleta de los cuarenta...

“Leña”, grita el míster y lo señala con el dedo. Tres días en la cama me llevaron a la esquina de la calle Feria, donde el C1 todavía no pasa demasiado lleno, aunque más vale encontrar un buen sitio junto a alguna puerta, que si no, luego hay que andar a codazos para bajarse. El Flaco observa como Macciola se dirige a él con la agilidad de una ardilla. No tenía ánimos para cortesías ni cabeza para ensayos, así que cogí la colección de relatos de José Pedro del estante de los libros pendientes. No es la primera vez que ocurre. Tiene estilo, sí. Hasta consigue que le cojas cariño a un hijo de puta como Vladislav Sporych: ¿quién no es capaz de empatía cuando se invade a alguien sin tapujos, en su desnudez más íntima? Debe ser la crisis de los cuarenta. Y claro, además, con Bizet, Tolstoy, Don Mario (¡vaya dandi facha!) y Gabo apareciendo y desapareciendo de escena, uno no termina de aceptarlo...