viernes, 18 de marzo de 2011

Decrecimiento y Mesas de Convergencia: el debate de la izquierda hoy (II)

Como ya escribí la semana pasada, estoy convencido de que el debate entre la izquierda tradicional y las gentes del movimiento por el decrecimiento ofrece oportunidades muy interesantes a quienes abanderan la lucha por la justicia, la igualdad y la defensa de la vida y los derechos humanos. Oportunidades que vienen de la mano de la experiencia, el compromiso y la capacidad crítica de la izquierda tradicional y de las "nuevas" vías que ofrecen los planteamientos teóricos y prácticos del decrecimiento y el movimiento de transición.

Planteaba entonces que la variable ecológica y la fórmula participativa son las cuestiones fundamentales de ese debate, pero creo que es imprescindible afrontar que el empleo es, posiblemente, el principal escollo a superar; y es que si se asume lo ecológico de manera coherente, ha de ponerse encima de la mesa la necesidad de reducir los niveles de producción y, por lo tanto, de empleo: menos fábricas significa menos puestos de trabajo. Aunque lo que se cuestiona en realidad es un modelo de organización socioeconómica en el que el empleo y la producción marcan la vida del individuo, las relaciones humanas y con el planeta. Si antes nos preguntábamos si los puestos de trabajo eran razón suficiente para justificar la existencia de las industrias armamentistíca y nuclear, ahora lo que se cuestiona es el modelo productivo en sí mismo. Y ya hay algunas respuestas encima de la mesa: la renta básica, el reparto del empleo y la sustitución del tejido industrial por otro sociocultural, por ejemplo.

Desde luego, más grave será para la izquierda tradicional que la crisis energética -empeorada tras la catástrofe de Japón- le obligue a reconocer que sus tesis eran incorrectas o, al menos, estaban incompletas: ni el planeta puede producir indefinidamente ni somos capaces de generar la energía necesaria para sostener ese crecimiento. Porque obviar las consecuencias de la crisis energética puede producir a medio plazo una desmovilización social en torno a una izquierda incapaz de articular respuestas coherentes...  ¡Mejor prevenir que curar!

Por otro lado, otra cuestión que también puede llegar a ser difícil de asumir por la izquierda tradicional es que, más allá de un cuestionamiento global de la filosofía del crecimiento por el crecimiento y del crecimiento infinito, el movimiento por el decrecimiento no ofrece una alternativa única y global al sistema capitalista: la apuesta por el desarrollo de alternativas locales deja la puerta abierta a multitud de maneras de entender y "practicar" la vida. En vez de un Estado que aglutina y se impone en un territorio, el peso fundamental de la estructura socioeconómica residiría en lo local. Y no caben entonces grandes modelos económicos ni sociales más allá de sistemas complejos de articulación de redes de organizaciones territoriales y sectoriales.

Desde estas perspectivas, la principal aportación del movimiento por el decrecimiento es que, cuestionando el sistema productivista y el actual modelo de Estado, lo que realmente se está poniendo en tela de juicio son dos de los ejes fundamentales de la modernidad además de sus dos grandes modelos socioeconómicos: el capitalismo y el socialismo.

Se trata de una cuestión de tan hondo calado que genera tantas oportunidades creativas como incertidumbres: es una perspectiva nueva, pero ¿hacia dónde vamos si no es hacia "más" capitalismo ni hacia el socialismo? Una pregunta que sin duda puede generar vértigo y para la que el movimiento por el decrecimiento no tiene todas las respuestas.

En cualquier caso, repetir viejas estrategias ante nuevos retos es como pretender arreglar con aguja e hilo un ordenador... Es imprescindeble que la izquierda tradicional, más allá de algunas posturas estéticas, se posicione honestamente en el debate sobre el decrecimiento y plantee abiertamente sus críticas y dudas. Sólo entonces será posible construir conjuntamente caminos nuevos que den respuestas a una crisis sistémica que no tiene precedentes en la historia del capitalismo ni, posiblemente, de la humanidad.

6 comentarios:

Ismael dijo...

Quizá sea interesante analizar el hechoi de que la productividad necesaria para "vivir cómodamente" puede obtenerse con algunas fábricas y unos pocos trbajadores. No por ello el capital debvería quedarse repartido entre esas personas sino que, puede ser que lo que haya que cambiar es el modelo de valorización de los recursos y los productos, de forma que la sociedad pense conjuntamente en producir los bienes necesarios para vivir y el valor añadido se genere en otras acciones no productivas (en el sentido de no utilización de recursos y producción de objetos) que también crearán empleos o algo asimilable a empleo pero que, ami criterio no se tiene en cuenta o se valora en la actualidad, la dedicación a la sociedad, alos demás.
Sólo expongo pensamientos desorganizados sobre lo que creo necesario, el cambio de sistema y no necesariamente a un decrecimiento puro (aunque si en cifras) sino a una reorganización de los valores económicos y por supuesto de los repartos de capital. A valorizar aspectos que hoy no cuentan como productividad y no magnificar productivamente, a niveles de renta, de capital, etc el hecho tan absurdo y hoy en día tan sencillo de fabricar tornillos.

Enrique Carbonell dijo...

A mi me molestan las dicotomías. Eso de izquierda... cuando en ningún país donde ganó la izquirda se respetaron los DD.HH. (ni Cuba, la URSS, Corea del Norte, Camboya son ejemplos a seguir) y los DD.HH. son invento de los paises capitalistas despues de la II Guerra. A Gandi los izquiedistas le atacan su lado religioso y antidesarrollista.
Debemos dejar ese termino, me pone los pelos de punta El Ché. Y aunque firmo en favor de la Renta Básica Universal me jode que esta sirva para que los griegos (al salvarlos de su crisis) se compren coches.
Decrecimiento hasta la bici ya!

Enrique Carbonell dijo...

Perdón se me olvidaba:
Abel era de izquierda y su hermano Caín lo mató porque era de derechas o al contrario?...
Que nos gusta buscarnos siempre un opuesto.

Morgancito dijo...

Amigo Moi, sin duda estamos ante un momento en la Historia d ela Humanidad que va a ser clave, y al final el dichoso japonés tendrá razón y estaremos ante el final de la historia, pero por otros motivos distintos que no va a tener relación con el modelo económico globalizado, sino con un final ecológico anunciado...Yo creo que como decía la canción: o aquí cabemos todos, o no cabe ni dios...Creo igualmente que el decrecimiento debe empezar por la "idea" de la necesidad de decrecer, si no, jamás sera posible, y la idea no es sinónimo de "ocurrencia", o de "bombilla encima de la cabeza", sino que "idea" debe ser sinónimo de "estamos absolutamente convencidos todos de que éste debe ser el camino"...Bueno, al menos nos hemos puesto de acuerdo y el gañán de Gadafi se ha cagado vivo, con perdón, e inmediatamente que la ONU dictó resolución de exclusión aérea decretó el alto el fuego...Qué valiente el tío¡ Valiente mierda¡, perdonad el tono escatológico...Un abrazo.

payoyo11 dijo...

A mi en general me parece bien. El tema del empleo es central, el crecimiento es algo abstracto que quizá sea difícil de comprender, pero si dices que es necesario para la creación o el mantenimiento del empleo, ya se puede justificar cualquier cosa, por la misma razón provoca un rechazo inmediato cualquier planteamiento que cuestione esto.

Creo que el texto plantea dudas sobre cómo relacionar el nuevo debate crecimiento/decrecimiento, con el debate clásico capitalismo/socialismo. Uno podría pensar a bote pronto que tanto capitalismo como socialismo, al apostar ambos por el crecimiento, quedarían invalidados una vez que lleguemos a los límites que el planeta puede soportar.

Yo plantearía esto de otra forma, el decrecimiento se va a producir, ya sea de forma más o menos planificada o de forma caótica. Tendríamos tres escenarios:

1.- Caos: Difícil prever lo que pasará, pero es altamente probable que después de las guerras, epidemias y de la drástica disminución de población mundial, haya una pequeña parte de la población, que controle los pocos recursos que queden y el poder militar y que siga viviendo de puta madre.

2.- Decrecimiento planificado capitalista: Será lo mismo que el primero, pero se intentará hacer con más progresividad. Yo creo que es lo que están gestionando las élites mundiales en este momento. El resultado final será el mismo que el 1.

3.- Decrecimiento planificado socialista o de izquierda: Aquí estaríamos nosotros, con soluciones democráticas que incluyeran a la mayor cantidad de gente posible.

Bueno no se si lo he liado más que antes, pero quiero decir que el debate socialismo-capitalismo o igualdad-desigualdad, va a seguir vivo incluso cuándo se inicie el caos. El decrecimiento pronto dejará de ser una cuestión de debate, para convertirse en un hecho.

Marcos Rivero dijo...

He leído tu entrada y, de nuevo, me ha gustado mucho, comparto plenamente tu punto de vista y argumentación. Sin embargo, a la hora de hablar de la reconversión del sistema productivo, sólo pones un ejemplo, el sociocultural y quizás sea algo pobre.

Pienso que podrías añadir a este sector, otros como la agroecología, las energías renovables y en general la apuesta por trabajos intensivos en mano de obra y poco mecanizados y dependientes de energía fósil, como son la recuperación de oficios tradicionales y profesiones vinculadas con la producción y comercio local artesanal, así como el mantenimiento, reparación, reutilización y reciclaje de productos diversos, lo cual en su conjunto generaría muchísimos empleos.

Los sistemas actuales de producción, distribución y consumo no es cierto que genere empleo: ¡más bien lo destruye!

La cuestión es poder ofrecer una protección social a los y las trabajadores/as que pierdan el empleo en esta reconversión y apoyar a las actividades económicas socialmente justas y ecologicamente sustentables para que puedan generar trabajo.

Además de informar de lo perjudicial de continuar con este sistema productivo y lo cortoplacista que es, sería importante señalar que no apostar por esta reconversión es retrasar la agonía, pocos años más y, por contra, perder capacidad de respuesta.

No nos podemos permitir el lujo de degradar aún más la vida social y nuestro entorno natural, ¡ya vamos tarde!