domingo, 17 de abril de 2011

Nosotros y vosotras

Aunque las luchas en favor de la mujer son muy anteriores, puede decirse que el movimiento feminista nació a finales del diecinueve. Desde entonces, sus numerosas corrientes han obtenido grandes logros y siguen manteniendo muchas reivindicaciones.

Pero lo curioso es que la incorporación de la mujer al mercado laboral -sin que se haya producido un cambio cultural más profundo- nos ha llevado a la "crisis de los cuidados", una crisis que pone de manifiesto que el papel "tradicional" de la mujer es fundamental para el sostenimiento de los grupos familiares, las redes sociales y, por tanto, del cojunto de la humanidad... ¡Vaya! ¡No sólo lo que hacíamos los hombres era digno de mención!

Y precisamente en ese redescubrimiento de los roles tradicionales de la mujer es importante repensar también el uso -sexista- que hacemos del lenguaje, más allá de modas y usos partidistas. Porque el predominio de lo masculino en el lenguaje es fruto de una sociedad en la que el hombre infravaloraba lo femenino, pero también es la manera en que se mantienen en nuestro imaginario las estructuras que invisibilizan a la mujer.

Y es que el lenguaje es lo que da sentido a toda la realidad del "animal humano": ser capaces de convertir un "palo" -algo que no es más que una rama caída- en una "herramienta" -algo que se utiliza de palanca- y guardar ese uso en nuestra mente en forma de idea, fue el inicio de una dinámica que más tarde nos llevaría, por ejemplo, a pensar y poner en práctica la idea de "democracia".

Un esquema que lo represente recogería que el descubrimiento de una idea nos hace caer en la cuenta de una nueva categoría que, una vez asumida, se convierte en práctica:

... - idea - categoría - práctica - nueva idea - nueva categoría - nueva práctica - ...

Puede decirse entonces que sólo seremos capaces de poner en práctica aquello que podamos imaginar y fijar en nuestra mente como algo cierto y posible, lo que dado el grado de complejidad de las sociedades y culturas humanas sólo puede hacerse a través del lenguaje: sin él no tendríamos manera de entender, por ejemplo, qué es la familia, el gobierno, un intercambio o lo sagrado. Y por lo tanto no existirían.

De esta manera, si no se supera el lenguaje sexista no se asentarán las bases que permitan cambiar por fin las categorías mentales de épocas en las que la mujer y lo femenino no tenían el mismo reconocimiento que el hombre y lo masculino. Se hace fundamental visibilizar en el lenguaje a todas las personas y a todos los roles asociados al tandem sexo/género, porque sólo así podremos asumir (primero) en nuestro imaginario y garantizar (después) en la práctica la igualdad de oportunidades, de papeles, de responsabilidades y en las relaciones entre todas las personas.

Dicho esto también quiero señalar que, más allá del debate superficial que pretende modificar el género de las palabras ("miembra" es tan absurdo como lo sería "persono"), nuestro idioma es lo suficientemente rico como para superar con un poco de imaginación y experimentación su tradición sexista.

7 comentarios:

Roblinbae dijo...

Lo que está claro es que lo que no se nombra, no existe (claro ejemplo el llamar como "ese" a quien no nos cae bien). Normalmente lo femenino no se nombra, o simplemente designa lo negativo (coñazo, llorar como una niña, chochear, etc).

También sabemos que nuestra forma de comportarnos empieza en nuestros pensamientos y sin el lenguaje no existen pensamientos, elaborados al menos. Y además, el lenguaje se desarrolla y se articula en un contexto, así que todo influye en todo.

¿Habrá que trabajar en todos los aspectos entonces?

Un saludo

Anónimo dijo...

La lengua como sistema nunca es sexista. Sí puede serlo el uso que hagamos de ella en determinados contextos con el fin de llegar a la discriminación por razón de sexo, pero la lengua en sí misma no lo es. Así pues, no saquemos las cosas de quicio y luchemos (eso sí) contra esas formas que, o bien esconden las virtudes y apariciones de la mujer, o bien intentan ridiculizarlas (aquí entran, sobre todo, palabras, refranes, dichos, etc. muy sexistas), pero abandonemos esa lucha pueril y enfermiza contra el uso del masculino como forma genérica en nuestra lengua, que constituye una solución del sistema lingüístico, como otra cualquiera, y bajo la que sólo mentes enfermizas pueden ver sexismo innato. Si el español usa el masculino como forma aglutinante para la unión de masculino y femenino, eso no es más que una solución genérica (que puede o no tener reflejo sexual en la vida real) que nos es heredada de nuestra lengua origen latina; en tal caso, acusemos a Ovidio, Horacio, Catulo y otros coetáneos de tanto mal; son ellos los que deberían rendir cuenta por tales "demencias", si bien esta no está ya instalada en la mente de aquellos que actualmente se preocupan por buscar fantasmas continuamente. Así, si, por ejemplo, soy jefe de una empresa, y organizo una cena, no se me ocurrirá mandar una invitación a mis trabajadores escribiendo "todos los trabajadores podrán venir acompañados de sus esposas", sino que sustituiré ese "esposas" por "parejas", pero en modo alguno cambiaría el "todos los trabajadores", porque no hay sexismo alguno en dicha expresión. Terminando con otro ejemplo, os confieso que seguiré amando con locura a mis hijos (sean solo hombres, o bien hombres y mujeres).
Un abrazo,
Víctor

Moisés Rubio dijo...

Victor,

creo que está de más considerar pueril o enfermiza a una "mente" que difiere...

Estoy contigo en que no se puede medir con el mismo rasero unos usos del lenguaje que otros, pero no en que el lenguaje sea en sí mismo no sexista. Eso exige suponer que "la herramienta" existe al margen de quien la crea. ¿Es casual que una sociedad que ha invisibilizado sistemáticamente a la mujer utilice el masculino como plural genérico? ¿Es inapropiado que en el esfuerzo por visibilizar a la mujer se haga lo propio con el lenguaje?

Yo no tengo dudas al respecto: el lenguaje -como todo- tiene las limitaciones de quienes le dan forma y su transformación es fruto y artífice del cambio cultural y social.

Y que conste que yo también querré a toda tu prole -bueno, al menos siempre que yo siga siendo su tío-.

Ana Jiménez dijo...

....Pero lo curioso es que la incorporación de la mujer al mercado laboral nos ha llevado a la "crisis de los cuidados", una crisis que pone de manifiesto que el papel "tradicional" de la mujer es fundamental para el sostenimiento de los grupos familiares, las redes sociales y, por tanto, del cojunto de la humanidad... ¡Vaya! ¡No sólo lo que hacíamos los hombres era digno de mención!...

Querido amigo, cuidado con lo que dices.... sería interesante que te plantearas un matiz definitivo a este parrafete... ¿No será quizás que no es que ha sido la incorporación de la mujer al mercado laboral (hecho por otro lado cuestionable, al menos considerar que es reciente) lo que nos ha llevado a la crisis de los cuidados, sino el desigual reparto en la asumsión de responsabilidades?

... uy uy uy.... besos y ten cuidado con las palabras que las carga el diablo machista y capitalista....

besos rey y buen día...

Moisés Rubio dijo...

Ana,

de acuerdo en que la incorporación de la mujer al mercado laboral es parcial, pero más allá de ese "reparto de responsabilidades" lo que no se ha dado es un cambio cultural real que haya puesto en valor esos roles tradicionales de la mujer. Por eso, llegado el caso, lo que antes hacían "las mujeres" ahora lo hacen "las mujeres inmigrantes" en regímenes de precariedad -cuando no de (semi)esclavitud- en vez de poner en práctica otras medidas más comunitarias y menos monetarizadas.

¿Es que el movimiento feminista ha luchado por rescatar para la mujer los espacios tradicionales del hombre sin poner en valor los de la mujer? En alguna medida podría ser, pero creo más bien que nuestro sistema tiene "el arte" de incorporar las luchas sociales a su discurso desnaturalizándolas en su favor.

No obstante, modifico el párrafo original para que no llame a duda al respecto.

Otro beso.

Anónimo dijo...

Cierto que no necesariamente es pueril y enfermiza. Apenas revisé mi escrito y eso sobra. Las prisas de padre... Acepto el comentario aunque conozco tantos casos así... Pero insisto en mi idea: la lengua no es sexista per se como sistema. Lo es la sociedad, y, acaso, el uso que hace ella de la lengua. Y esta tesis no implicaría, como dices, que la lengua existiera al margen de quien la crea, sino que esta es visualizada por medio de otros patrones: la lengua es un sistema que interpreta la realidad, pero no se corresponde con ella, y funciona al margen de ella, y fundamentalmente, la lengua es sobre todo una herramienta de comunicación en el que prima (al menos en muchas de sus manifestaciones) la espontaneidad, la economía, la rapidez verbal, y algunas de las cuestiones de las que hablas van en contra de tales necesidades comunicativas y harían imposible la comunicación fluida. En fin, interpretación de lingüista que requeriría mayor detenimiento y explicación. Lo que sí está claro es que el hablante, cuando usa la lengua, puede o no ser sexista, pero no achaquemos sistemáticamente sexismo al uso del masculino aglutinador. Por ahí no paso. Eso para mí sí es sacar las cosas de quicio... Si todos y todas los y las ciudadanos y ciudadanas de este país pensamos así, nos vamos a volver locos y locas.
Víctor (again)

Estrella dijo...

Moisés,

Felicito tu reflexión en torno al lenguaje y sexismo. De sobra es sabido que hablamos y creamos de cuanto conocemos. De ahí que según el lugar y cultura haya distintas palabras para denominar los objetos, o que en algunos sitios ni siquiera las haya...

El lenguaje evoluciona. En el caso del género, para paliar una situación de desigualdad inicial. En realidad el movimiento feminista empezó en los 70, con mucha fuerza y radicalismo que explican las reivindicaciones "desmedidas". Quedarse en ese debate "anulador" hoy resulta, al menos a mi juicio, reduccionista, simplista e incluso superficial. Estoy totalmente de acuerdo en que se diga médica, abogada, arquitecta... Lo contrario sería incorrecto gramaticalmente, porque "-o" se refiere al masculino y "-a" al femenino. Sin embargo, el masculino es también el género no marcado y designa tanto femenino como masculino en determinados contextos (según mi punto de vista, fácilmente reconocibles). Así, decir todos y todas me parece innecesario, puesto que sin complejos, como mujer, me doy por aludida en ese "todos". El lenguaje también ha de ser económico. Este debate de "género" está distrayendo el verdadero debate de causas, medidas, conciliación trabajo-casa, etc. Ése es el mayor de sus defectos, que distrae y por tanto, oculta, silencia.

Por ejemplo, poco se ha hablado de esa "ética del cuidado" que mencionas. Tuve la oportunidad de leer un libro titulado así, cuya autora es Virginia Held, en la que se habla de que los roles de la mujer se pueden trasladar a las estructuras organizativas societales para una mejora de las mismas que se dirija a la ética. Es muy interesante que se trabaje de manera conjunta.

La discriminación positiva a la mujer se está convirtiendo en una "dictadura transitoria" que acaba por perpetuarse. Valemos por valiosas, no por mujeres.